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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

?memoria de Manuela Via? (1929-2013)

La Batalla de San Marcial

31-08-1813 

 

     

 

Pensando los franceses socorrer la plaza de San Sebasti?, cruzaron el Bidasoa el 31 de agosto, antes del amanecer, por los vados entre Hendaya y el puente destruido del camino real, que cubr? el IV Ej?cito espa?l o de Galicia, a las ?denes del general Don Manuel Freire, apostada la III? Divisi? en los campos de Sorueta y Enacoleta, parte de la V? en las alturas de San Marcial y la VII? en Ir? y Fuenterrab?, formando la primera l?ea, y en segunda o reserva una divisi? brit?ica a espaldas de Ir?, la divisi? de Don Francisco de Longa y dos brigadas de la IV? a retaguardia de la derecha, dos brigadas inglesas en la sierra de Aya, y otra portuguesa en unas alturas entre Vera y Lesaca.

Arrollados los puestos avanzados de los espa?les, atacaron los franceses con el mayor ?petu todo el frente de las tropas situadas sobre las alturas de San Marcial, para penetrar por la ca?da de Ercuti y apoderarse de la importante posici? de Soroya, que fue bravamente defendida por algunos cuerpos, entre ellos el de Asturias, del cual muri?gloriosamente su joven y esforzado coronel Don Fernando Miranda, siendo rechazado el enemigo. En vista de este fracaso, los imperiales echaron un puente volante a un cuarto de legua del camino real, junto al paraje llamado de las Nasas, bajo la protecci? de la numerosa artiller? que ten?n plantada en la derecha del Bidasoa, en la altura que lleva el nombre de Lu? XIV, y embistieron desesperadamente nuestro centro y parte de la derecha; pero fueron repelidos y arrojados cuesta abajo por una brigada de la divisi? de Don Juan D?z Porlier, ayudada del II? Batall? de Marina. Entonces dirigieron sus ataques contra la izquierda espa?la, donde una brigada de la III? divisi? de Don Jos?Mar? de Ezpeleta recibi?a sus contrarios con serena y firme actitud, a pesar de lo cual consiguieron ?tos apoderarse de las barracas de un campamento establecido en una de aquellas cimas; mas acudieron oportunamente D. Juan D?z Porlier y Don Gabriel de Mendiz?al, y arroj?dolos sucesivamente de todos los puntos, les obligaron a repasar el r?, distingui?dose en aquella ocasi? los regimientos Guadalajara, Asturias y La Corona, tres batallones de Voluntarios de Guip?coa, mandados por D. Juan Ugartemend?, y la Segunda compa?a del IV? batall? de Artiller? dirigida por Don Juan L?iga. Al mismo tiempo, otra columna se ve? forzada a descender del monte Irachaval, que hab? ocupado el enemigo en la primera acometida, cruzando el Bidasoa por el vado de Saraburo, no teniendo mayor fortuna las fuerzas que hab?n pasado el r? por los vados superiores. Muy entrada ya la noche y lloviendo sin cesar, no volvieron ya los enemigos a dar se?les de vida, permaneciendo dentro de su territorio. Su malogrado intento les hab? costado 3.600 bajas, seg? propia confesi?.

Fue esta jornada muy gloriosa para los espa?les, que experimentaron grandes p?didas, elev?dose seg? el parte oficial del general Freire a la cifra de 161 jefes y oficiales, 2.462 soldados entre muertos, heridos y extraviados. Entre los heridos se contaba con el general Losada, los brigadieres Casta?n y Rosell? y el coronel Lavi?; el brigadier jefe de Estado Mayor del Ej?cito Don Estanislao S?chez Salvador tuvo dos caballos muertos. Los ingleses y los portugueses contaron con muy escasas bajas por haber tomado apenas parte activa en el combate. En cambio los franceses, que fueron rechazados en todos los frentes, debieron de experimentar p?didas enormes.

Lord Wellington se present?al final de la batalla y di?despu? una ?den del d?. La expresada alocuci? que tuvo lugar en el Cuartel de Lesaca, lleg?a insertarse en la prensa de la ?oca. Veamos La Gaceta de Madrid, del 19 de octubre de 1813:

"Guerreros del mundo civilizado: aprended a serlo de los individuos del cuarto ej?cito espa?l, que tengo la dicha de mandar. Cada soldado de ? merece con m? justo motivo que yo el bast? que empu?. Del terror, de la arrogancia, de la serenidad y de la muerte misma, de todo disponen a su arbitrio. Dos divisiones inglesas fueron testigos de este original y singularisimo combate, sin ayudarles en cosa alguna por disposici? m?, para que se llevasen ellos solos una gloria, que en los anales de la Historia no tiene compa?ra.

Espa?les: Dedicaos todos a premiar a los infatigables gallegos; distinguidos sean hasta el fin de los siglos, por haber llevado su denuedo y bizarr? a donde nadie lleg?hasta ahora; a donde con dificultad podr? llegar otros, y a donde s?o ellos mismos se podr? exceder, si acaso es posible.

Naci? espa?la: la sangre vertida de tantos cides victoriosos fue recompensada con 18.000 enemigos y una numerosa artiller? que desaparecieron como el humo, para que no nos ofendan m?.

Franceses: huid pues o pedid que os dictemos leyes, porque el Cuarto ej?cito espa?l va detr? de vosotros y de vuestros caudillos, a ense?rles a ser soldados."

No cabe m?. Seguramente no necesitaban nuestros valientes soldados de tales ponderaciones para acreditar su acostumbrada bizarr? y venir luego el se?r Napier con la rebaja, en su "History of the Peninsular War". ?Lo har? acaso el Lord en compensaci? de las herej?s llevadas a cabo aquel mismo d? por los cultos y humanitarios brit?icos en la infeliz San Sebasti??

 

 

 

Batalla de Marcial

 

Esquema de la batalla

 

Fuentes de informaci?:  https://1808-1814.org

www.galiciaespallada.com.ar