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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

LETRAS GALEGAS 2008

Xosé María Alvarez Blazquez

Xosé María Alvarez Blazquez


(1915-1985)
Poeta, novelista,
erudito, editor...
 

por Clodio González Pérez

   Xosé Álvarez Blázquez

 

 

Na presentación do libro Vigo en su historia, 1980.
(Arquivo da familia Alvarez-Cáccamo).

Xosé Álvarez Blázquez

Cantos de Nadal, Aninovo e Reis (Vigo, 1967).

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En 1964, co gallo de conmemorar o cincuenta aniversario da súa fundación, a "Sociedad Recreativa Club Artístico" convocou un concurso de artigos xor-nalístico sobre a historia da vila do Avia, con un premio único de dez mil pesetas para o ganador. O xurado, por unanimidade, acordou concederllo a "Elogio de Ribadavia", publicado o 28 de maio do devandito ano no Diario de Pontevedra por "Celso de Bayón", que resultou ser un pseudónimo de Xosé María Álvarez Blázquez.


Trátase dun fermoso percorrido pola historia da capital do Ribeiro, merecente de ser coñecido por todos e enteiro, aínda que pola súa extensión teñamos que conformarnos só con dar agora varios parágrafos, eos rematamos estas notas verbo da vida é obra de don Xosé María:


Venir a Ribadavia, cualquiera sea el pretexto -y aún mejor si no hay pretexto alguno-, constituye un regalo para el alma y para el cuerpo. Esta antigua y noble capital del Ribeiro encierra tan plurales encantos, tan sugestivas llamadas, que el viajero, por insensible que sea, se ve preso en una red amable de vivencias profundas, como aquel santo -no recuerdo su nombre- que, habiendo llegado a las puertas del Paraíso, ya no quería penetrar en él. En Ribadavia sucede algo así. La villa es el umbral del Paraíso del Ribeiro, pero os quedáis a gusto en el umbral. [...]


Hoy, como hace siglos, Ribadavia es un nombre solemne, que debemos pronunciar con reverencia, lo mismo que si hablásemos de aquel triste des­tronado por la rapiña fraterna, o de su antepasado don Sancho el Craso, envenenado también por sus émulos, que vino a morir a uña de caballo al monasterio de Cástrelo, donde su esposa, a fuerza de ayunos y oraciones, logró la salvación de su alma, que la tenía en su poder el diablo.


El rey soberano que hoy nos manda y nos rige es el vino. Pero nadie lo tome a fácil eutrapelia, a esca­tima goliardesca. Reyes hubo que han valido menos que un vaso de Ribeiro, un solo vaso, a la sombra de unos robles, vera del río, en una tarde estival, cuando las tórtolas sesgan el aire como flechas y en los ojos del hombre cabrillean los cristales del gozo vital. Si estas virtudes tienen los mostos del Avia, ya me diréis si pueden valer más todas las cabezas coronadas de la tierra, para las que guardo mis máximos respetos.


Decir "el Ribeiro", ya sea la tierra que este nom­bre nombra, ya sea el vino que esta tierra da, es decir casi una oración. Y no hay rey ni Roque que valga por ahora lo que una estrofa del Cantar de los Cantares, lo que una simple cantiga popular. Por ejemplo, aquella -tan buida y matizada de sanas ironías- que aconseja pasar por la prueba del vino del Ribeiro y la rotunda "cacheira", antes de ensayar las pruebas del amor. Ejercicio cierta­mente muy atinado, porque al amor hay que lle­gar con el alma alegre y el estómago reconfortado. Y este doble milagro solo en el Ribeiro lo hallaréis, amigos.
 

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