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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

FRAGMENTOS DE CARTAS ENTRE ROSALÍA E O SEU HOME, MANUEL MURGUÍA


Rosalía de CastroFragmento dunha carta enviada por Rosalía a Manuel Murguía


Mi querido Manolo: No debía escribirte hoy, pues tú que me dices lo haga yo todos los días, escaseas las tuyas cuanto puedes, pues casualmente los dos días peores que he tenido, hasta me aconteció la fatalidad de no recibir carta tuya. Ya me vas acostumbrando, y como todo depende de la costumbre ya no hace tanto efecto; sin embargo, estos días en que me encuentro enferma, como estoy más susceptible lo siento más. Te perdono sin embargo, aunque sé que no tendrías hoy otro motivo para no escribirme que el de algún paseíto con Indalecio, u otra cosa parecida. Pero no reñiremos por esto, cuando tan desdichados somos ya. Yo prosigo con mucha tos, mucha más que antes, aunque me cesaron los escalofríos. Sin embargo, se me figura que este golpe ha sido demasiado fuerte y que si llego a sanar, que no lo sé, me han de quedar restos y reliquias. Ya sabes que no soy aprensiva y que cuando estoy buena no me acuerdo de que he estado enferma, pero te aseguro que éste ha sido un golpe de lanza soberano, y que no sé cómo quedaré. Te confieso que lo mismo me da, y que si en realidad llegase a ponerme tísica lo único que querría es acabar pronto, porque moriría medio desesperada al verme envuelta en gargajos, y cuanto más me durase el negocio peor. ¿Quién demonio habrá hecho de la tisis una enfermidad poética? La enfermedad más sublime de cuantas han existido, (después de hallarse uno bien con Dios) es una apoplejía fulminante, o un rayo, que hasta impide, si ha herido como buen rayo, que los gusanos se ceben en el cuerpo convertido en verdadera ceniza. Pero dejemos de hablar de esto, puesto, que según todas las trazas, sea hoy, sea mañana, más tarde o más temprano, pienso que tendré que morir despacio y a modito, y sin duda será un bien, porque en realidad me hallo cada vez más resignada, y por lo mismo menos a bien con Dios; y de este modo muriendo de repente me irá muy mal.

Pero reflexionando en lo que te escribo veo que soy una loca, y tienes mucho que perdonarme. Tú ya sabes que cuando estoy enferma me pongo de un humor del diablo, todo lo veo negro, y añadiendo a esto, que no te veo, y nuestras circunstancias malditas cien veces, con una bilis como la mía, no hay remedio sino redactar una carta como esta, precisamente cuando va dirigida a la persona que más se quiere en el mundo, y a la única a quien se le pueden decir estas cosas. Perdóname, pues, y sobre todo no me hagas caso. Muchas veces he creído que iba a morirme y aún estoy viva, y probablemente esta vez, si Dios quiere, sucederá lo mismo.

Sigo tomando la leche de burra, pues el buen médico no me dijo ni oste ni moste, ni me dio más remedio; hoy compraré otra botella de cerveza, y le regalaré a esos ladrones con título 28 cuartos. Gallinas no quiero comprar más; lo mismo me he de morir de un modo que de otro. Hoy cuando quise mandarte los libros ya era tarde, pero mañana irán sin falta trece tomos y La guerra de los dioses, que bien harías en quemarla, más bien que en darla a nadie, pues esas obscenidades ensucian en donde están. Veremos si mañana soy más feliz que hoy. Se me olvidaba. Tu tía Teresa está ahí, pues al pasar por allí la niña la vio, pues la llamó ella y le dijo que me diese un recadito, y que no venía por aquí, porque estaba sola la tía Pepa. Yo no salgo, pero aunque así no fuera no iría a verla. Respecto a lo que me dices de comprar sillas para tu cuarto etcétera... nada haré.



Murguía, ó respecto da enfermidade da que fala a súa muller, escribiría:

No conoció la tristeza, al menos en ese punto extremo en que tocando la melancolía se torna una cosa dulce y triste a la vez. En ella la tristeza pasaba todo límite y era angustia y opresión dolorosa o dolor acerbo. Sólo bajo ese punto de vista decimos que no conoció la tristeza. Muchas veces en esas horas de desaliento, en que la tristeza de las cosas llega hasta nuestra alma, me decía: La tristeza no te duele como a mí. Y es que en ella todo era extremo, vivo, intenso, y su corazón enfermo, saltaba dentro del pecho con una violencia y un ruído que hacía estremecer. Por huir a ese dolor, se rasgaba sus propias carnes; la ansiedad de acabar pronto le hacía más pesado el yugo de la vida. Tanto le dolía el dolor, que siempre que hablaba de muerte deseaba que fuese de golpe, como lo había sido la de su madre. Podía esperarlo así porque su corazón amenazaba a cada momento romperse. Pero fue tal su desgracia, que la que deseaba la muerte pronto tuvo que mirarla frente a frente dos años, para morir tuvo que sufrir una agonía de tres días.



Outra carta, esta enteira, de Rosalía a Murguía

Mi querido Manolo: acabo de recibir el parte, que me alegró el corazón. Son las once y media de la mañana, y ya empezaba a estar impaciente, pues desde ayer, viernes, que le esperaba. Ahora, como esto no me satisface bastante, estoy deseando recibir la tuya, para saber las particularidades del viaje, y qué aposento has encontrado ahí.
Como aquí hace ahora muy buen tiempo, me estoy imaginando el sol de Madrid, y a tí, paseando por todos aquellos lugares de que yo me hallo tan lejos. Te confieso que paso momentos bastante tirstes, aun cuando los hermosos días que están haciendo parece que me dejan respirar algo más libremente.
Ayer fui de paseo con Peregrina Compañel y con Tomás, y entramos en San Lorenzo. Excuso decirte cuánto me acordaba de ti. Vi aquel patio plantado de bojes con aquella fuente profunda y aquella Virgen de piedra, todo lo cual me ha dejado encantada. ¡Qué silencio tan inmenso! Y tú nunca has querido llevarme allí! De buena gana hubiera pagado una habitación en San Lorenzo para poder escribir en aquel claustro. Es imposible que no saliese una cosa buena. En el calustro de Conjo no se retrata un olvido tan completo como el de San Lorenzo. No parece que han pasado por aquel convento treinta años de olvido, sino treinta siglos...
Hoy hace un día tan hermosos como el de ayer, y Tomás, Peregrina y yo cogeremos de nuevo por el camino de Noya. Voy a estar muy triste. Cuando tú te vas parece que me llevas la salud, pues vuelvo a hallarme sin apetencia, y hago malísimas digestiones. Pero ya pasará. Te remito esta carta para que la contestes de palabra. Recibe mi corazón.
Rosalía.


Con motivo duns artigos publicados en Los lunes del Imparcial nos que Rosalía criticaba algúns costumes cos forasteiros en certos lugares de Galicia, choveron sobre ela aluvións de críticas. Por entón, no 1881, escribulle outra carta a Murguía, que estaba en Madrid como director de La Ilustración Gallega y Asturiana.

Lestrove, 26 de julio de 1881.
Mi querido Manolo: Te he escrito ayer, pero vuelvo a hacerlo hoy de prisa para decirte únicamente que me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego. No siendo porque lo apurado de las circunstancias me obligaran imperiosamente a ello, dado caso que el editor aceptase las condiciones que le dije, ni por tres, ni por sies, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto, ni acaso tampoco a ocuparme de nada que a nuestro país concierna. Con lo cual no perderá nada, pero yo perderé mucho menos todavía.

Se atreven a decir que es fuerza que me rehabilite ante Galicia. ¿Rehabilitarme de qué? De haber hecho todo lo que en mí cupo por su engrandecimiento? El país sí que es el que tiene que rehabilitarse para con los escritores, a quienes aun cuando no sea más que por la buena fe y entusiasmo con que por él han trabajado, les deben una estimación y respeto que no saben darles, y que guardan para lo que no quiero ahora mentar. ¿Qué algarada ha sido esa que en contra mía han levantado, cuando es notorio el amor que a mi tierra profeso? Aun dado el caso (que niego) de que yo hubiese realmente pecado, por lo que toca al artículo en cuestión ¿era aquéllo suficiente para arrojar un sambenito sobre la reputación literaria grande o pequeña de cualquier escritor que hubiese dado siempre probadas muestras de amor patrio, como creo yo haberlas dado? No; esto puede decirse sencillamente mala fe, o falta absoluta no sólo de consideración y gratitud, sino también de criterio. Pues bien; el país que así trata a los suyos no merece que auellos que tales ofensas reciben vuelvan herir la susceptibilidad de sus compatriotas con sus escritos malos o buenos. Y en tanto, ya que tan dañada intención han encontrado en lo que narré, para dar a conocer (y no para alabarla ni censurarla) una costumbre antiquísima, y de la cual aún quedaba algún resto en nuestro país, pueden consolarse leyendo la estadística por lo que toca a cierta cuestión que han sacado a relucir ciertos periódicos escandalizados con mi artículo. Si así arremetiesen contra la estadística sería mejor, a ver si así lograban borrar, lo que es peor mil veces, que lo que en mí han censurado tan bravamente.

Hazle, pues, presente al editor que, pese a la mala opinión que al presente gozo, ha tenido a bien acordarse de mí, lo cual le agradezco, mi resolución de no volver a coger la pluma para nada que pertenezca a este país, ni menos escribir en gallego, de una vez que a él no le conviene aceptar las condiciones que le he propuesto. No quiero volver a escandalizar a mis paisanos.

Los niños quedan buenos y ennegreciéndose cada vez más al sol; bueno es que parece que han aplacado un poco sus ardores insoportables de esos días atrás. Nada sé de lo que pasa por Santiago, ni un periódico logro ver de allá. Lo que sí recibo diariamente es El Noroeste de La Coruña, que tienen la atención de mandarme en lugar de El Clamor. Respecto de El Imparcial, lo recibo un día sí y dos no. Variaciones de Correos.
Me llaman a comer. Recibe cariños de todos y tú sabes te quiere tu mujer.
Rosalía.


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FONTES DE INFORMACIÓN:

"Follas Novas" , Rosalía de Castro, Edición de H. Monteagudo e Dolores Vilavedra, Editorial Galaxia, 1993.

Especial Letras Galegas Ano 2000, Manuel Murguía,  publicado polo xornal "O Correo Galego".

"Galicia 2001", editado pola Xunta de Galicia.

www.letrasgalegas.org