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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

Roberto Sergio Alvariño

El paciente espíritu contemplativo de antaño.


Con una profunda vocación por las culturas antiguas, Roberto Alvariño, un joven artista plástico argentino, presenta con una particular estética, aunque sabiamente añeja en la cual narra en contenido, forma y realización, historias del pasado mediante un arte minimalista que hoy casi no tiene quienes lo cultiven. Para ello realiza profundas investigaciones de carácter antropológico. También presentamos de manera especial uno de sus cuadros, denominado "Remembranzas del lince", con una explicación del propio autor.  Por Pablo Rodríguez Leirado

Roberto S. Alvariño, de 32 años, de un andar pausado y ceremonioso, tiene algo de monje. Tal vez, en cierta manera lo sea. Con una infinita paciencia recrea, en una habitación amplia e iluminada de su tranquila casa, una manera de hacer arte propia del medioevo. Alvariño presenta una obra que tiene su modelo en las miniaturas de laboriosos entramados y cuidadas figuras que los artistas, o iluminadores, efectuaban en los célebres libros medievales. Así ilustraban los textos que imperturbablemente copiaban los monjes en los monasterios. "Mi obra se encuadra dentro del arte medieval, del arte celta de esa época, y de la edad antigua también, porque está basado en fuentes directas como, en el caso del arte celta del medioevo, en los libros de Durrow y Kells, realizados en los siglos VII y IX respectivamente, en los monasterios irlandeses, y también del Evangelio de Lindisfarne, de Northumbria, del siglo VIII. Igualmente me inspiro en el arte de esa época del noroeste de España, como en Galicia, con las Cantigas de Santa María, que fueron ordenadas por Alfonso X el Sabio, y en Asturias con el Libro de los Testamentos que se encuentra en la catedral de Ovieu u Oviedo. Yo me inspiro en ellos y vuelvo a realizar ese arte. Sin embargo no pinto con la pintura al huevo, sino que utilizo acrílicos y marcadores especiales de distintos colores, como los dorados que se emplean para las tarjetas".

Cruz celta

Cruz celta

Imagen del Libro de Kells

Imagen del Libro de Kells

Para realizar su obra Alvariño cuenta que "necesariamente tengo que saber como ellos veían el mundo, por eso me puse a estudiar antropológicamente estos pueblos y sus culturas". Aparte del interés despertado por la admiración que genera la belleza de esos pergaminos, Roberto reconoce que también otras han sido las motivaciones que lo llevaron a esta expresión artística. "Soy hijo de inmigrantes gallegos y ellos me han inculcado el amor por su cultura. Me gusta la pintura antigua, también por respeto a nuestros ancestros, y preferentemente deseo que no se pierda esa estética y que continúe vigente en esta época de globalización donde todo da lo mismo". El interés por el arte antiguo y medieval, preferentemente de la cultura celta -aclara de no utilizar la palabra céltico, porque es un adjetivo- no se detiene en los célebres libros citados, también influyen en él los beatos  españoles, el Beato de Liébana con el célebre Comentario del Apocalipsis - una obra cumbre del arte miniado de origen mozárabe-, y todo lo románico; los evangelarios medievales, tanto los irlandeses, como de la corte carolingia, o de Italia; el arte bizantino. "En otro orden, yo estudié mucho a los maestros flamencos -Rembrantd y su particular tratamiento de la luz-, Van Dyck y especialmente Rubens. Me gusta el Renacimiento italiano, por supuesto Miguel Ángel y Leonardo da Vinci. Del mundo antiguo destaco fundamentalmente los dibujos de las ánforas griegas. También soy un apasionado del arte de oriente principalmente del budista, de la pintura O Chan (rama budista china) y Zen, de la cual señalo su extraordinaria suavidad, por eso empecé a realizar arte oriental". Igualmente se inspira con otras expresiones artísticas como la escultura. Así es como ha tomado las cruces de piedra de Irlanda y los "cruceiros" gallegos y los trasladó a sus dibujos, o también ese mismo símbolo pero del arte vikingo. En cuanto a sus preferencias concluye que "me gustan mucho la pinturas de interiores, de fondo, de volumen (lo contrario al arte celta y el medieval). También me interesan los temas argentinos -tengo creaciones en ese campo- y poseo un interés de abarcar muchas cosas, pero la pintura que principalmente influye en mi y que actualmente es la parte medular de mi obra es la medieval, el arte celta, aunque en realidad es todo el arte antiguo en general".

Cabe aclarar que las creaciones de Roberto Alvariño no se tratan de reproducciones exactas. "Incluso ellos mezclaban con el arte bizantino", dice refiriéndose a los generalmente anónimos artistas del medioevo. "Esa influencia aparece claramente en la caras quietas, tan mayestáticas, que denotan la presencia cultural bizantina. Yo mezclo entramados de las fuentes citadas, y sus respectivas tipologías estilísticas, y recreo historias de esa época tal como se hacía en los monasterios y abadías".

En esta recreación incluye el soporte material de la obra el cual tiene la textura de un pergamino, "incluso algunas manchas son pintadas", nos dice Alvariño. "El fondo es teñido con té o mate cocido, aunque también incluyo otros procedimientos. Todo mezclado, lo dejo en una bandeja toda la noche y a la mañana siguiente pongo el dibujo en un lugar en donde no lo afecte la luz del sol. De esta manera se tiñe. Luego, para secarlo, lo pongo adentro de una toalla, con libros arriba o algo pesado que presione la toalla contra el dibujo. Así queda media tarde y posteriormente lo expongo al sol por el plazo de un día y medio". De este modo dibujo y papel integran un todo que conforma la obra artística.

A la manera de los monjes.

Otro aspecto de la recreación de este arte tiene que ver con la realización. Al igual que los antiguos iluminadores medievales, Roberto Alvariño se carga de paciencia para realizar sus puntillosas obras, con sus complicados entramados y pequeños detalles. Por ello afirma que "es una labor casi como la de los monjes medievales, es trabajo y trabajo. Es un gran placer pero lleva mucho tiempo. La paciencia es fundamental y tenés que estar concentrado, no se puede estar nervioso o con la mente en otras cosas". Teniendo en cuenta los tiempos que corren, de crisis sociales, económicas y culturales, y en donde todo debe ser inmediato, es muy difícil hoy en día mantener una serenidad adecuada a las exigencias de esta línea artística. Aquí es donde otro aspecto de su formación cultural juega un papel fundamental en la realización de su obra. "Mi conocimiento de la cultura oriental viene desde los 16 años, y actualmente soy profesor de Yoga (en una vertiente hindú budista) y Kun Fu tradicional. Uno puede estar pintando como una manera más de meditación. Yoga quiere decir unión, estudiarse y descubrirse a uno mismo. Esto no significa ser un nihilista ante la sociedad, lo que se busca es estar reconciliado y en paz, con todas las cosas del cielo y de la tierra, para ayudar a los demás. Enseña a estar mejor consigo mismo y entonces relacionarse mejor con los otros. No es estar por ahí sentado vestido de hindú... El Yoga me permite realizar un arte en donde se maneja mucho la tranquilidad y paciencia. Yo cuando pinto estoy solo con la obra. Es mi mundo. Hay una sensación de eternidad, el tiempo corre de otra manera". Seguramente el efecto relajante que la oración y la meditación proporcionaba a los monjes en los monasterios y abadías, en una época no muy tranquila por las distintas guerras, invasiones y sublevaciones campesinas, tenga su analogía en la disciplina que cultiva Alvariño desde hace varios años.

Códice mozárabe del Beato de Liébana

Códice mozárabe del Beato de Liébana, con sus "Comentarios al Apocalipsis", del siglo VIII.


Pero no es la única coincidencia en el tiempo con los iluminadores, ya que también cuida especialmente el estilo y la técnica del dibujo. "Primero, en una hoja de dibujo grande, tomo cuatro cm. desde los bordes y hago un marco. Después trazo dos ejes, uno vertical y otro horizontal, que dividen la hoja en cuatro partes iguales. Luego realizo, como en un libro medieval, los contornos que va a tener el dibujo, que pueden tener la misma medida en los cuatro lados. Generalmente tiene formato rectangular, pero puede ser cuadrado. Estas guardas pueden repetir formas, por ejemplo la parte superior izquierda es igual a la inferior derecha. Esto era muy típico en los libros medievales al igual que tuvieran las guardas diferentes en todos sus cuadrantes, con entramados distintos. Los bordes superiores pueden terminar como los libros medievales hispánicos, como las Cantigas de Santa María y el Libro de los Testamentos, con torres de castillos medievales. En el medio queda lo que podemos mencionar como el dibujo propiamente dicho". En todas estas combinaciones se utilizan entramados y dibujos existentes de esa época. La creación de Alvariño -aparte del talento para reproducirlos- pasa por la adecuada fusión de los elementos y colores elegidos.

En cuanto a la parte central, "el dibujo se va creando a si mismo. Cuando empiezo muchas veces no sé como va a continuar. Busco determinada línea y hago una cruz céltica, por ejemplo, cuyas medidas son simétricas, y los espacios idénticos. Para que salga bien, hasta un milímetro me puedo equivocar, con más de uno ya tengo que volver a realizarlo porque tengo que buscar que sea perfecto. Tal vez la persona que lo observa no se da cuenta pero yo sí, y lo que busco es una sincronicidad. Yo tengo que completar la hoja y por eso tengo que buscar e investigar".

Hay una técnica para las figuras y objetos principales. Estas se distinguen por encontrarse en primer plano, en donde se busca la centralización del objeto. "Siempre que uno esté haciendo arte medieval la cabeza ocupa en la hoja el espacio que va del medio hacia arriba, tanto para una figura humana como para la típica cruz celta. En el caso de una cruz gallega, más pequeña y con los brazos iguales, el centro de la cruz coincide con el de la hoja. En la ubicación de los personajes, yo sé, por ejemplo en el cuadro del dios Lug, que los padres van a ir arriba -y más pequeños- porque están en otro plano. Pero en el que me refiero a la leyenda de Santiago, a sus discípulos los puse a los flancos y abajo. En el arte medieval, bidimensional, la figura más importante es la más grande, a la más pequeña se le concede un menor rango. Así se van ubicando en el plano superior e inferior. La parte de abajo denota menos importancia aunque también implica que esta figura secundaria se encuentra adelante. Lo contrario sucede con la parte superior. Pero retomando el cuadro de Lug, con la posición de los personajes, en este caso los padres, están expresando muchas cosas más, entre otras, al estar en otro plano -atrás de Lug-, aparte de indicar que figura es la central, también me refiero a que pertenecen a otro mundo, una especie de más allá, aunque para los celtas también se representaba abajo".


Los inicios y el buen vino.

En cuanto a su formación como artista plástico Roberto Alvariño recuerda, "aprendí con varios maestros desde los 7 a los 15 años. El último, por aproximadamente dos años, fue Manken, un reconocido dibujante, especialmente dentro de las historietas y del comic, y con él también aprendí dibujo de historieta, a realizar guiones, y el movimiento de los objetos en el espacio. Luego realicé diversos cursos y estudios, con profesores pero principalmente de manera autodidacta. Durante 1999 estudié con Nicolás Menza en el Centro Cultural 'Ernesto Sábato', que funciona en el edificio de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires".

Una de las personas que más influencia ha ejercido sobre él fue el artista gallego Manuel Cordeiro. "Recuerdo especialmente un cuadro de la Catedral de Santiago de Compostela. Cuando lo vi, ya hace muchos años, me dije 'quiero hacer algo similar', era fabuloso".

Algunos cuadros de Roberto Alvariño se pueden apreciar en el pub Druid In, de la calle Reconquista 1040, uno de los primeros lugares que le manifestaron su admiración y apoyo. Se trata de un ambiente que le resulta sumamente grato y que ya recorría desde las épocas en que dirigía la Liga Celta de Argentina -de la cual sigue siendo miembro-. En una de sus mesas comenta a quien escribe estas líneas que todavía le resulta extraño la cuestión de que el cuadro se realice a si mismo, que sea la historia la que va creando las figuras y objetos. "Llega un momento que no sé como seguir y hago como con los vinos, lo estaciono. Luego de apartarme por un tiempo vuelvo y descubro cosas nuevas al ver otra vez el cuadro. Hay obras que las dejé estacionadas varios meses". Entre las sensaciones que él busca en sus cuadros, y en general en la pintura, destaca que "si una pintura no puede estar en un lugar habitable, como si no provoca algo -no sólo desde una mirada política o social-, si no provoca emoción, no le encuentro sentido. La pintura surge con emociones profundas". Y para quien ha emprendido el camino de descubrir las profundas historias del pasado y develarnos su secreto resulta un extraordinario regalo escucharlo decir "yo no tengo dinero y lo que puedo ofrecer es mi pintura". Un bien enormemente valioso aunque la identidad, la cultura y la belleza no coticen en el mercado de la globalización



Remembranzas del lince.

Con una profunda vocación por las culturas antiguas, Roberto Alvariño, un joven artista plástico argentino, presenta con una particular estética, aunque sabiamente añeja en la cual narra en contenido, forma y realización, historias del pasado mediante un arte minimalista que hoy casi no tiene quienes lo cultiven. Para ello realiza profundas investigaciones de carácter antropológico. También presentamos de manera especial uno de sus cuadros, denominado "Remembranzas del lince", con una explicación del propio autor. 

Por Pablo Rodríguez Leirado 





Lugus, eternamente joven, atlético y de conducta noble y refinada, es el gran dios solar, cuyo culto floreció en todo el mundo céltico. 

 



Lug, por Roberto Alvariño

"Lug"

El tamaño original de la obra es formato A4 (21 cm x 29,70 cm.) aproximadamente. 

 

Regente del Universo y Rey de los Dioses, dios de todas las Artes y las Ciencias, de la tierra, del comercio, de los viajes, de la invención, de la acuñación de moneda. Inventó la equitación y los juegos. Ganó una partida de ajedrez. Era diestro con la honda y con su lanza mágica de cinco puntas que rugía y echaba fuego, traía desde la sagrada ciudad de Gorias. Nadie podía vencerle en el combate teniendo él la lanza. 

Lugus, identificado con Mercurio, Odin, Wotan y Varuna, es del dios que ve lo oculto, "el que ve más allá de las paredes" 

Su nombre en céltico antiguo: Lugus, Lugous, significa "Lince". En irlandés: Lug, Lugh. En galés: Llew (León). Da su nombre a Leignitz (Silesia), Laon y Lyon (Francia) y Leiden (Holanda). Y asociados a este dios hay varios animales: el lince ("Lugus"), del cual el dios toma su nombre y que para los antiguos ve a través de las paredes -en otras palabras, ve lo oculto-, el cuervo, animal psicopómpico que muestra el mundo superior, y del cual Lugus posee un par que le traen las noticias de lo que sucede en todo el universo; y "Segomo", la serpiente con cabeza de carnero. 

En la Kallaikia (Gallaecia), llevaba su nombre la ciudad que bajo el Imperio Romano sería conocida por Lucus Augusti, la actual Lugo. 

En Hibernia (Irlanda) era la deidad más perfectamente descripta. Era uno de los Tuatha De Dañan ("el Pueblo de la Diosa Danu") e hijo adoptivo de Taltiu (la hija de Balar, rey de los Fomores) y de Eithne (dios perteneciente a los Tuatha De), y se destaca como druida, médico, arpista, paladín... Al frente de los Tuatha De venció a los Fir Bolg en la batalla de Magh Tuiredh. Luego fue rey de Irlanda, y en su coronación, al sentarse sobre la piedra servía de trono, el Lia Fáil o Piedra del Destino (que fue traída desde la ciudad sagrada de Falias y que Lugus había tenido en Temair), ésta comenzó a gritar, y continuó haciéndolo en la entronización de cada rey irlandés hasta los tiempos de la venida de Cristo. 

Prototipo divino de los reyes de Irlanda, todos los héroes se identifican con él. Fue el primero de los tres padres de Cuchulainn (Setanta), el gran héroe y maestro marcial de los celtas goiodélicos. 

Pero además, Lugus tiene adscripto en la tradición un festival, el más importante y el tercero del año celta, denominado en céltico antiguo: "Lugunastada", y en irlandés: "Lugnasad". Era la gran festividad de recolección de los frutos celebrada el 1° de Agosto -época estival-, por lo tanto de carácter agrario y correspondiente al elemento tierra. 

Lugunastada era una asamblea religiosa (congregación del Colegio druídico) política y judicial, y en ella se celebraba el casamiento de Lugus con la madre tierra -la Gran Diosa Única-, festival de primera importancia céltica. También en Lugunastada murió Taltiu, la madre adoptiva de Lugus, en Lugdunum (Galia); según una leyenda, Lugus creó el festival en honor de su nodriza. En Irlanda, Lugnasad se celebraba en Taltiu (reino central de Meta), Carman (Leinster) y Emain Macha (Ulster). Ocasión de diversiones y juegos, había concursos de artesanos, juegos de carácter funerario (carreras de caballos en Taltiu y en Emain Macha; carreras de mujeres en Carman); se celebraban matrimonios. Posiblemente se realizaban sacrificios de mujeres, enterradas en túmulos. 

Luego de la conquista del mundo céltico por Roma, César Augusto ordenó que el 1° de Agosto -mes que lleva su nombre- fuera día de fiesta, y funda el culto imperial (año 12 a.C.), identificándose de este modo el Princeps deificado con Lugus. 

Con el paso del tiempo, el mayor festival pancéltico fue desapareciendo, hasta que dejó de celebrarse un siglo después de la Cristianización. Aunque algunos vestigios de Lugunastada subsistieron hasta el año 1149. 

Este ha sido un acercamiento a la fabulosa mitología céltica, y más concretamente a su resplandeciente dios Lugus, el Lince, alto rubio y de centelleante mirada. Por eso, estad atentos, pues si algún día, si alguna nebulosa alborada, surcan solemnemente el cielo dos cuervos, negros como la Noche, y si tras ellos surge resplandeciente el Arco Iris, esperad algún tiempo... porque tal vez puede que veas, cual mágica aparición, pasar a tu lado al Seños de la Lanza Rugiente, Lugh Mac Eithne, Lugus hijo de Eithne, camino de su Sidhe o morada divina, desde la que sigue vigilando y protegiendo las milenarias tierras de los celtas. 


Curso sobre Religión y Mitología Célticas. 
(Liga Celta de Argentina)
Profesor Higinio Martínez Estévez.

"El perro del Ulster"
J. M. Álvarez Flores. Barcelona, 1988.

"Leabhar Ghabhala, el Libro de las Invasiones"
R. Sainero. Barcelona, 1988.

"Los Celtas y la Civilización Céltica"
H. Hubert. 


por Pablo Rodríguez Leirado

 FONTE DE INFORMACIÓN:  

  Artigo publicado na revista dixital "Sitio al margen", www.almargen.com.ar