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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

XESÚS LORENZO VARELA VÁZQUEZ

 

Lorenzo Varela

TESTIMONIOS EPISTOLARES

 

Carta de Eduardo Dieste desde Uruguay (fechada en 1942) poco después de haber recibido el libro "Torres de amor".



Montevideo, agosto 1942

Caro Lorenzo (ahora que ya no hay que santiguarse al decir tu nombre): Aprovecho la ida de nuestro gran artista y amigo Pastor para agradecer tu recuerdo y aplaudir, más que el elogio de Buscón, el cuento de la madre caída de la luna en ese viaje desolado a través de una provincia pampeana -todo lunar, pero desamparado, en la luna y no bajo la luna- que me había estremecido al leerlo sin saber que era tuyo, en la bella revista epicúrea de Merli; es muy bueno, aunque hubiera preferido leerlo a través de la lluvia de un paisaje de Colmeiro; me estremece ver tu espíritu como un pájaro extraviado fuera de su mundo natural de árboles y fontanas.

Desde aquellos tiempos desvanecidos en los espejos del Universal de Madrid, ese otro mundo de Gómez de la Serna, nada propicio al canto de los pájaros, no había vuelto a leer cosas tuyas. No obstante la línea es la misma; línea de abstracción, esfera de aire duro que se irisa de colores de manzanas y nubes de robledales como alma que se aleja de la vista o en ella vive suspenso: alma gallega.

La imagen que yo conservaba de tu genio y figura fue bruscamente suplantada por otra de sargento de milicias que con asombro vi levantarse de los recuerdos de guerra de Rafael. ?Cómo? -decía yo- ?Aquel poeta enmeigado, pálido como una manzana, de ojos deshojados, ahora con voz de mandar, revólver mortífero y pecho arqueado?

-El mismo -decía Rafael- y no había que descuidarse... ?Los bravos de la FAI le obedecían como chiquillos! Gran estratega, y político...

-?Y Poeta? -?Más que nunca!

Yo recordaba una transformación análoga en Mariano Gómez y en otros camaradas artistas, y di paso al milagro como es mi costumbre.

Todo esto aumenta mis deseos de verte, y quiera Dios que sea en el campo revolucionario para seguir a tus órdenes.

La nota sobre Buscón es -por tanto- un trozo de poema y, como tuyo, cortado en buena piedra de música. Lástima que sea tan corto el gusto de leerlo. Que te cuente Rafael uno de sus famosos apólogos que aquí llamamos de la síntesis y quedará completo mi juicio.

Abrazos, recuerdos a todos

Eduardo Dieste.



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Carta dirigida por el diplomático brasileño Newton Freitas al abogado bonaerense Luís M. Baudizzone. Ambos habían compartido con Lorenzo Varela muchas horas de conversación y amistad en el café Tortoni y no fueron ajenos a las inquietudes editoriales de los exiliados gallegos.
Newton Freitas llevaba ya varios años en Madrid cumpliendo funciones diplomáticas en la embajada del Brasil y tuvo ocasión de reencontrarse con nuestro poeta.



27/11/78

Meu Baudi: O nosso Varela foi-se. Morreu -ou deixou-se morrer- no día 25 deste, pela manhà. Eram 7 horas. Principiou a sentir mal desde das 3 horas da manhà, mas proibio a que Marika chamasse un medico. Quando conssentiu era tarde de mais. A ambulancia que o transportava do Hotel ao Hospital -onde ía acompanhado do Laxeiro- já só poude entregar o seu cadaver. Tive nesse tempo que ele passou en Madri varias conversas com ele. Eram conversas gerais por que o Lorenzo nâo intimava com ninguem. Ultimamaente ele se entrincheirava detrás de um sarcasmo, quase cínico, que era uma defesa psicologica. Nâo queria nada com ninguem. Era um barco desarvorado á deriva. Rodeado de gente, isso sim. Prova: os amigos vieram de longe. Já estâo aqui os Dieste, os Pardos, etc. Mas ele vivia só, solitario. Nunca vi un sorriso tào triste. Nunca se queixou. Era orgulhoso. Às vezes referia-se (varias vezes notei em jantares aqui em casa) com saudade de voce, do Seoane, do Cuadrado e tambem dos nossos tempos de B. Aires, cheios de esperanças, de ilusôes. A desgracia do Lorenzo foi a de nâo transpôr o umbral da gloria. Ele se sentia "ratée". E como se enganou...

Abrazos com Elena

Newton

Vou agora ao enterro do Varela, que será ás 2 horas da tarde. Faz frio e está chovendo. Soube que o filho de Marika e a ex mulher deste, chegaram das Canarias. O Laxeiro depois de prestar seus bons oficios, viajou para Galicia. Comprendo-o muito bem. Carpir é profissâo antiga e incomoda. Deveria escrever para Cuadrado e Seoane, mas falta-me ánimo. Talvez mais tarde o faça.

N.B. Recibemos da comissâo do Luis Romero um aviso para colaborar. Estamos enviando un cheque. Pouca coisa, Baudi, se pode fazer para os que morrem.

E.T. Acabo de receber um telefonema do Paz Andrade vindo expressamente de Galicia para o enterro. Outro grande admirador do Lorenzo. Quantos, quantos mais há. Saberia ele disso!


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De Manuel Pilares a Maruja y Luís Seoane


Madrid, 28 de noviembre del 78

Para Maruja y Luis Seoane
Buenos Aires


También fue una dolorosa y cruel sorpresa para nosotros, para cuantos tuvimos la suerte de conocerle. La noticia nos la dieron a primeras horas del sábado, Inesita y Marcial...[39]

Vosotros sabéis que, últimamente, ese gran hombre que era Lorenzo Varela solía beber bastante, aunque nadie le podía acusar de borracho.

Yo, la última vez que le vi fue en Sargadelos. Observé que, al final, al igual que en ocasiones anteriores, parecía estar muy lejos de sí mismo, como si quisiera verse libre de los reproches que su inteligencia y su sentido crítico pudieran hacerle, como si pretendiera juzgarse con la liberalidad que suele dar la distancia, como si hubiera renunciado a regresar de un exilio aún más duro que el político y el sentimental. Y como si a pesar de lo claro de sus razones y lo equilibrado de su cerebro tuviera un supremo desdén para cuanto le obligara a trabajar. Era capaz de realizar grandes obras. Y como lo sabía las daba por hechas. Por eso, cuando me dijeron que atribuía a un catarro, a una gripe el cansancio físico que le obligó a consultar a Caldas sobre sus sofocos -y contra el diagnóstico de Caldas- renunció a dudar de la fortaleza de su corazón, y se negó a ser "tratado del corazón", disculpé y perdoné su última noche...

¡Querida Marujina, querido Luís! Vuestro amigo y hermano en tantísimas penas y alegrías, pasó esa noche sentado en un sillón, sin querer acostarse, mirándose desde todos sus años y todos sus pensamientos y todos sus sueños, escuchando los tenues, los lentos, los últimos latidos de su corazón. Su esposa había luchado por hospitalizarle. Pero él, él, él ?cómo podía desconfiar de un corazón que siempre le había servido con tanta fidelidad? Y fue al amanecer cuando cedió, cuando el cerebro le dictó que pidiera una ambulancia. Y en la ambulancia, falleció.

Hubo que hacerle la autopsia. Fui a verle al depósito, en el siniestro caserón de las cercanías de Atocha, el domingo por la mañana. Allí estaba la dulce y bella Inesita, y un hijo de marica...

El lunes, hacia las dos, le enterraron. No pude ir. Pilar me contó que estaban los amigos comunes, que Díaz pardo -llegado en avión- compró una cámara para hacerle fotos... Todo muy triste, muy penosísimo...

Os escribo así porque pienso que es imposible que pueda causaros más dolor del que tenéis. Y porque temo que el veneno de la literartura pueda amargaros más. No he visto desde hace días a los Marciales. No quiero salir. No puedo borrar de mis pensamientos a ese hombre sentado en la última noche de su vida, y me lo imagino rebobinando sus recuerdos, en los que sin duda alguna vosotros ocupábais un preferente lugar, en los que tantos caminos, peripecias, estancias y huídas tuvieron señales indelebles de poemas, conversaciones, copas.

Por lo poco que le he podido trtar y por lo mucho que vosotros le habéis tenido, siento lo terrible que será vuestra pena. Porque la mía es y será profunda.

Perdonadme ahora. Sabéis que en la antigüedad se solía castigar ferozmente a los mensajeros que traían malas noticias. Yo he querido, agoistamente, cobardemente, llegar a vosotros después del telegrama fatal, de ese telegrama que nadie quería firmar jamás.

Es tarde, muy tarde, muy noche. Y estoy sentado en otro sillón, oyendo como late mi vivo corazón, en redoble por Lorenzo, por todos. Y estoy temiendo que vuestro perdón venga con lágrimas por mí. Porque ni las merezco ni las quiero, aunque también las necesito, Marujina, Luís, hermanos del camino y de la posada.

Abrazos

Manuel Pilares


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De Luis Seoane a Manuel Pilares

Buenos Aires, 14 de diciembre de 1978

Queridos Pilar y Manolo: No quiero escribir sobre Varela ni sobre tu carta. Varela fue un hermano que no volveré a ver y al que debo una parte importante de lo que soy, si de verdad soy, y con quien hemos convivido casi a diario durante muchos años. Fue un hermano mío, aparte de todo lo otro que intelectualmente fue. No hablaré ni escribiré ahora sobre él. No quiero ahora recordar nada. No sé por qué misterioso presentimiento y en homenaje a él reproduje en el catálogo de la exposición que hice de treinta años de pintura, 1948-78, para señalar quizás nuestra hermandad, una nota extensa que Lorenzo había publicado sobre mí en otro catálogo de la misma galería, en 1961.

Tu carta de dolor es una carta bellísima que guardaré siempre, unas páginas que Varela se merecía, se merece. Es la carta que relata la muerte de un héroe, él lo fue, exiliado en el mismo lugar de la batalla donde fue herido, conjugando a un tiempo exilio y guerra. Lloramos con ella por Varela, por todos. Por vosotros, por nosotros.

No quiero escribirte más. Sólo decirte como nos conmovió tu carta, como hemos llorado al leerla y como se agolpaban de nuevo en nuestros ojos las lágrimas cuando se la leímos a algunos amigos nuestros.

Nos veremos muy pronto. Un gran abrazo de Maruja y mío para Pilar, Pilarín, para ti y todos los amigos. Os deseamos una feliz Navidad y un mejor Año Nuevo

Seoane.