Venta online brezo vallas Girona
Venta productos peluqueria, belleza y estetica Xpels
Venta ropa interior mujer Lintima
Uniforme laboral ropa trabajo Global Uniformes
Tiendas online Ecommerce ServiWebsi
Créditos para su tienda online

Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

XESÚS LORENZO VARELA VÁZQUEZ

Lorenzo Varela

DISCURSO PRONUNCIADO POR LORENZO VARELA EL 25 DE JULIO DE 1967


Nos juntamos hoy para evocar, como lo hacemos cada año, la fecha que Castelao denominara el Día Cívico de Galicia. Cada uno de nosotros en su conciencia celebra o no, además, el Día del Apóstol. Pero en este acto nos reunimos todos, creyentes o no, para celebrar esa ceremonia de comunión civil que consiste en dejar que ruede de boca en boca y en todas a un tiempo el sagrado nombre de Galicia.

Es costumbre en estas conmemoraciones dar cabida tan sólo a las grandezas y miserias del pasado. Yo diría que es esa una mala costumbre. Mal o bien, ya sabemos todos que somos un pueblo de reyes y de esclavos, una nación con idioma civilizador y al mismo tiempo un país cuya lengua está siendo sumergida desde hace siglos -como su misma riqueza potencial en todos los órdenes- por la dominación de los de fuera y por la complicidad de los de dentro. Mal o bien conocemos nuestra historia: sabemos de sus días gloriosos y de sus horas trágicas, de sus grandes líricos y sus pequeños caciques,de sus mansos braceros y de sus altivos irmandiños. Como en cada pueblo de la tierra hay en la nuestra cumbres luminosas y pozos de abyección: es la condición humana quien manda y no el deseo de los mejores. Pero si algo hay claro en la historia de Galicia es la voluntad de mejorar, de hacer más alta y fraternal, más viva, leal y verdadera esa condición humana.

Y es por eso por lo que hay que dar cabida, principalmente, y sobre todo cuando nos juntamos en nombre de Galicia, al presente y al futuro, sin los cuales el pasado sólo servirá como tumba, en vez de ser el punto de partida, la base de lanzamiento hacia la realización de las esperanzas, hacia el cumplimiento de nuestro destino.

Pero es más. Una parte del pasado, el pasado inmediato, ha sido fértil en sangrientas discordias. No dejemos que la sangre vertida en ellas nos ciegue los ojos a cuánto nos une a todos en el pasado total, en el presente esperanzado, en el futuro que sólo juntos podemos construir. Esa sangre sólo será creadora, no habrá sido inútil, sólo si se convierte en luz, si hace que la pólvora vieja se transforme en palabras renovadoras, si se cubren de trigo las trincheras y las maldiciones son enterradas por el diálogo. Hay momentos en la historia de los pueblos, como en la historia de las familias, en que hay que dejar que los muertos entierren a los muertos, porque son los vivos y los que van a nacer los que reclaman íntegra nuestra atención. No dejemos morir la vida por vivir entregados a la muerte. En último término, los que murieron de pasión civil lo hicieron más que por sí mismos, por los que quedaran y por sus descendientes. Lo hicieron por el futuro. Y en último término también -y este es el menor homenaje que podemos rendirles-, son ellos, es su memoria la que nos empuja y nos guía en esta hora que es más del porvenir que del ayer.

Galicia entera lo sabe. La era del diálogo ha nacido. Si no hubiera tenido más cunas le hubiese bastado con la que le dio Castrelo de Miño. Aristócratas y trabajadores, sabios y artesanos, labradores y marineros, la inmensa mayoría pertenecientes a las nuevas generaciones, convirtieron un hecho comunal en una leyenda nacional. Y el espíritu de Castrelo de Miño ha puesto el alma de Galicia en vilo, alzada por todas las manos de la comunidad sin más ausentes que los culpables. Allí y en torno a la epopeya en todo el país se ha mostrado que la fuerza real, la fuerza mayor, creadora, verdaderamente grande y unánime no procede del rencor petrificado, del odio fratricida, sino de la voluntad de unión, de la claridad de diálogo, del empeño en poner la justicia y la paz por encima de cualquier espejismo del pasado o del presente. En Castrelo de Miño y en torno a su epopeya se vio como hay vértices entrañables en los que se juntan todos los ejes de Galicia dando expresión a una comunidad viviente, en pleno ejercicio de la existencia, por mucha adversidad que se oponga, por mucho distanciamiento que hayan creado la historia y los intereses de cada parcialidad.

El Día Cívico de Galicia nos convoca a un diálogo de esa naturaleza, justamente porque es una fecha de todos, del mismo modo que Castrelo de Miño es un símbolo vivo que a todos nos pertenece, que pertenece a Galicia. Y ahí está la clave para comenzar a vivir el diálogo: en que nosotros pertenezcamos a Galicia y no en que Galicia nos pertenezca a cada uno, a un sector, a un bando.

Desde la emigración y el destierro contribuimos hoy a ese diálogo juntándonos aquí la casi totalidad de las corrientes gallegas que tienen expresión en Buenos Aires. Desde aquí saludamos hoy a nuestros hermanos de Galicia y a los hermanos que andan por el mundo soñando con el día en que su tierra sea una tierra para vivir y no sólo un paraíso para nacer o morir. Soñando con la Galicia de hoy en que ha de crearse la Galicia de mañana, la Galicia de la Era Electrónica, en la que junto al rumor de las computadoras y las centrales de Energía se oigan los milagros de nuestro cancionero, y cada aldea sea una comunidad electrónica cruzada de leyendas.

Hemos de construir ese futuro, hemos de hacer esa Galicia. La piedra auroral está puesta en gestas como la de Castrelo de Miño. Piedras como esa sobran en nuestras canteras. Ahora hace falta dar paso a los canteros. Para ello se requiere solamente crear en Galicia, como en toda España, las condiciones normales de la vida social civilizada, que convierten el diálogo de las palabras en obras de las manos y en creaciones del espíritu: libertad democrática, justicia social, desarrollo económico, autonomía de las nacionalidades. Esto es lo que han pedido en Galicia centenares de personalidades de todos los sectores. Esto es lo que, uniéndonos a su clamor, pedimos hoy todos nosotros.

Hoy hay fogatas en Galicia. Algunas sobre los montes legendarios. Millones sobre los corazones silenciados. El destino de Galicia ya no está más en una minoría de personalidades heroicas: hoy lleva su bandera el pueblo entero, el país entero, sin distinción de clases, ideas o sentimientos religiosos. Es cierto que queda mucha oscuridad todavía, pero el millón de soles de la luz atómica, está haciendo brillar en Galicia, como en el mundo todo, el alba de una mundo que hasta ahora sólo parecía ilusión levantada en el sueño de los hombres.

Hoy hay fogatas en Galicia. Y la esperanza allí no es un rumor lejano como el de las campanas de las iglesias hundidas con sus villas en el fondo de los lagos antiguos. La iglesia de Castrelo de Miño tocará hoy a rebato, haciendo resonar su voz de bronce para anunciar una era de paz, de trabajó, de bienestar, de creaciones del genio gallego. Por mucha dureza que haya en el diálogo -estamos tan poco acostumbrados a hablar de verdad los unos y los otros, que es inevitable la presencia de restos de violencia en el lenguaje-, nunca alcanzarán las palabras, al chocar, a formar la arista mortal de los cuchillos: al contrario, en el encuentro de las palabras al dialogar, estas, en vez de afilarse como espadas, se fecundarán como frutos generosos surgidos del ardua batallar con la tierra, el clima, los instrumentos, las semillas.

A veces, cuando mostramos el tatuaje gallego que llevamos en la piel y en el alma, surgen voces que nos preguntan, queriendo ofendernos... ?y España? ?Sois vosotros españoles o no? Que lo sepan de una vez: nosotros somos más españoles que nadie porque somos patriotas de todas las Españas, la España de Castilla y la España de Cataluña, la España de Vasconia y la España de Galicia, la España de la tradición y la España del mañana. Para nosotros sentir a España es ser más gallegos; sentir a Galicia es ser más españoles. Por eso el Día Cívico de Galicia es un timbre de gloria para todo español que no quiera una España de bolsillo, una España de una nación sola. España es un crisol que hemos hecho todos y en él nos estamos haciendo y nos hemos de hacer todos. Sólo hay una manera de renegar de España: es la de renegar de Galicia. De ahí que no sólo pensemos en nosotros en esta fecha histórica. Queremos que todos los pueblos de España compartan con Galicia el diálogo vivo, justiciero sin rencor, de la comunidad que tiene como símbolo a Castrelo de Miño. Queremos, sí, para toda España, que se abra una época sin venganzas, una época de paz, de libertad, de grandeza constructora, de civilización sin tiranía, de prosperidad sin emigración, de vida sin temor.

Una España, una Galicia, en fin, de Aire Puro, como el que se pide en este hondo poema de un gran espíritu gallego, Celso Emilio Ferreiro:


O aire puro da mañá procrama
o seu direito a entrar en cada casa;
¡Ábrelle as portas, patria!
¡Dalle os teus seos, alma!
Deixa ise tufo acedo que te abafa,
esquece istas mortaxas,
non deixes que te aldraxen, aldraxa.

ONTE NON. Pensa nas albas
que han de vir, ponlle cerco ás lembranzas
que te atan.
Deixa entrar a mañá crara
na túa casa.


Pero hoy, bajo la advocación del diálogo, hemos de corregir uno de los versos del poeta cuando, santamente indignado, exclama: "No dejes que te ultrajen, ultraja". En vez de la ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente, yo elijo la ley de Castrelo de Miño, diciéndole a Galicia: "No dejes que te amortajen: levántate y anda!"

 

 

Volver