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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

Fernández Flórez entrevista a Manuel Murguía


Wenceslao Fernández FlorezVieiros publica hoxe unha interesante entrevista que Wenceslao Fernández Flórez lle fixo a Manuel Murguía para o xornal 'El Noroeste' co gallo dunha homenaxe a este autor no seu 80 cumpreanos. Houbera diferentes actos, un banquete e un recital celebrado na popular Reunión Recreativa e Instructiva de Artesáns da Cruña. 

Hablando con Murguía

por Wenceslao Fernández Flórez

Los que fueron

En la habitación modesta, casi laminado entre dos estanterias fronteras pletóricas de libros, que la ocupan en toda su longitud, el anciano ilustre abandona, para recibirnos, las cuartillas en que garrapatea con una letra menuda.

Por la galería se ve la fronda de un pequeño jardín; en el suelo, en los estantes, sobre la mesa hay notas acumuladas en un aparente desorden; junto á este hombre admirable, en el ambiente de intimidad de su gabinetito de trabajo, salen de los rincones de nuestra alma todas aquellas sensaciones que acumuló en ellas la literatura regional, en tiempos de la adolescencia, cuando la literatura regional tenía cultivadores talentudos que parecían augurar una sólida y perenne cristalización de nuestras letras. Vosotros os acordais también. Vosotros habeis hojeado los tomos voluminosos de la "Ilustración Gallega y Asturiana", ó de aquella "Revista" en cuya primera plana fatigó durante mucho tiempo vuestra atención curiosa y púber, cierta inacabable polémica sobre el Tiempo y el Espacio. ¿Os acordais?... Entonces Rosalía Castro era la que exaltaba nuestro naciente sentimentalismo, y el romántico relato Desde el cielo de Murguía, era para nuestro romanticismo una novela amiga. Y entonces también nuestro sensualismo que despertaba abría una ávida interrogación entre ciertas perversidades de El Cazador de fantasmas ó de La Baronesa de Frige o de Las Aureanas del Sil, de ese devoto y lírico realista -aunque creais paradójico el concepto- que se llamó Benito Vicetto. Y reíamos las ingeniosidades de Labarta y soñábamos con un castillo roquero y con señores feudales ó con trovadores enamorados. Y toda Galicia la sentíamos palpitar dentro, llena de ruínas y de misterios;y entre los misterios y las ruínas pasaba Rojín-Rojal ó Corno-de-boy ó la hidalga desgraciada y funesta de El Lago de la Limia, ó el espectro alto y blanco de la Estadea. Vosotros fuísteis, poetas, los primeros que hablaron á nuestras almas de la vieja Suevia y los que se la hicísteis amar, los que grabásteis en nuestra memoria versos que son como oraciones, los que nos enseñaron ese culto recogido, íntimo, un poco medroso, hacia la patria pequeña, con algo de ese misterio medroso de aquel culto druídico que presenciaron nuestros bosques.

Como fue historiador.

Y así, casi asoma á los labios ante este anciano de blanca y romántica perilla, de traza exígua, casi oculta tras la mesa de trabajo, la pregunta acerca de aquellos hombres y de aquellos tiempos, como si se hubiese vivido su vida y su edad y hubiésemos sentido la tibieza de sus manos entre las nuestras. Charlamos en una charla evocadora.

¡Aquellos tiempos!...

En los designios del autor de sus días estaba que nuestro historiador siguiese la carrera de farmacia. Aún tiene un gesto de terror en el rostro y en los ojos pequeños y vivos, el hombre ilustre, al acordarse de ello.

- Le digo a V. Que la asignatura de "Materia farmacéutica" es una iniquidad. ¡Una iniquidad!- y levantaba los breves brazos para expresar la monstruosidad indignate del asunto.- No hay memoria posible, y la mía siempre fue mala. Allí, en el segundo año acabó mi carrera.

Era por el 51. Divorciado decididamente de las arideces de la farmacopea, D. Manuel Murguía siguió sus inclinaciones literarias. Entonces colaboró en La Iberia, el famoso periódico de cuya redacción salieron tantos hombres ilustres en la política y en las letras, y publicó también varios trabajos en un periódico de Castelar, El Estudiante, en el que también escribían jóvenes que, como Canalejas, llegaron después a la conquista de la celebridad 

Primero, confirmando esa observación de doña Emilia Pardo Bazán que dice que todos los buenos prosistas comienzan por hacer versos, Murguía se consagraba á la Poética. Después publicó varias novelitas en los periódicos citados. Entonces se hacía poco caso de la novela...

- Igual que ahora, interrumpimos

- No, ahora peor, rectifica.

Pero Desde el cielo, que apareció por primera vez en las columnas de La Iberia, tuvo un éxito que alentó a Murguía á consagrarse definitivamente en ese género. Y Murguía, llevado por ese amor á Galicia que caracterizaba a aquellos hombres de entonces, pensó en hacer novelas históricas con asuntos de nuestra región.

Y buscó los asuntos, pero halló que no había pauta alguna ni la Historia de Galicia se había escrito jamás. Era preciso hacer primero la historia, perseguir los sueltos indicios, buscar las relaciones extraviadas, acoplar referencias y sucesos, escudriñar en el tiempo. Y á esta monstruosa labor, para la que puede decirse que no había hecho aún el andamiaje, se consagró de lleno Murguía. El posible Pérez Galdós gallego, más bien, el posible Walter Scott, se pasó al campo científico y se sumió en esa labor aridísima, costosa y obsesionante de la investigación histórica. Y así fue como Galicia pudo tener cronista de su vida.


Murguía político 

Murguía tiene un recuerdo nostálgico de Madrid, del Madrid donde se desenvolvieron sus primeros años de luchador, y donde marchó por imposiciones de la salud de su esposa, la inmortal Rosalía de Castro. En su recuerdo resucitan muchos muertos ilustres, entonces compañeros de labor: Bécquer, á quien Murguía iba a traer a Galicia cundo lo estorbó la muerte de aquel enorme lírico, Concepción Arenal, Rodríguez Correa, Roberto Robert, Carlos Rubio...

- En aquel entonces, por lo menos, Madrid era encantador. Se atendía el mérito y no era una tacha la juventud. Las empresas pagaban los trabajos con muchísima más largueza que ahora, y yo he conocido gobernadores civiles de veiticuatro años, gente de valía, que ascendía rapidamente en la política, revelados en un periódico, en una campaña, eu un discurso.

- ¿Y usted nunca se dedicó a la política?

- Si ; sí, alguna vez. La Política me gusta mucho, la sigo con afán...Ahora, la política práctica...no. ¡Hay ciertas cosas, tantas cosas desagradables en ella...! Una vez intenté ser diputado á Cortes. Fué el año 68. El encasillado estaba cubierto. Se presentaban aquí, en la provincia, Romero Ortiz, que entonces era ministro, el marqués de Figueroa, Galbetón...varios más. Quedaba tan sólo el distrito de Arzúa por donde se presentaba Barreiro, un señor de Boimorto, dueño de poderosas organizaciones. Se le ofreció un gobierno civil para que me dejase libre el distrito, pero no aceptó. Mi mujer, que no veía con gusto la política, me hizo desistir. Desde aquella única tentativa, no soy más que un espectador.

La labor de Murguía.

En la actualidad, D. Manuel Murguía está trabajando en el quinto tomo de su "Historia de Galicia" que comprenderá desde Alfonso III hasta D. Diego Gerlmirez; un buen trozo de nuestro siglo XIII, que puede ser llamado el siglo de oro de Galicia. Faltan aún dos tomos más. Murguía se propone, además de la terminación de esta obra, completar su "Diccionario de Escritores Gallegos", cuya publicación tuvo que interruppir por dificultades económicas, y para el que ha reunido después de treinta años de labor incesante, más de mil notas referentes á otros tantos personajes regionales.

Esta obra es la predilecta de d. Manuel Murguía, entre todas las suyas. En ella, como en Galicia, editada por la casa Cortezo, como en "El arte en Santiago durante el siglo XVII", en la que descubrió más de tresceintos artistas gallegos desconocidos, Murguía ha hecho alarde de una gigantesca labor. Para sus investigaciones han sido elementos poderosos de información sus empleos en los archivos de Santiago, de Valencia y de Simancas, de los que ha obtenido valiosísimos datos. Como premio de toda su vida fructífera, Murguía fue jubilado sin pensión hace tiempo. Faltaban once meses -un plazo ridículo para quien tanto ha laborado- para que tiviese derecho al retiro. Ni aún se computaron los años que trabajó en comisiones de tanta importancia como una acerca del problema de los foros, para la que le designó Bugallal, y como resultado de la cual existe un libro del ilustre gallego.

Antes de terminar nuestra charla tuvimos aún una pregunta:

- En sus ochenta años de vida ¿cuál fue el día más amargo?

Y el insigne historiador nos respondió, en una reminiscencia de aquel sólido y viejo amor al ideal, perfectamente divorciado de la tiranía aborrecible del balduque:

- El día en que me dieron un destino oficial. Eran veinte mil reales, pero pensé "señal es de que no puede uno ganarlos de otro modo".

- ¡Veinte mil reales!, suspiramos, y, vueltos otra vez á la realidad de nuestra misión inquirimos:

- ¿Y el día más féliz?

- Aquel en que me dejaron cesante. Contra todas las leyes de la naturaleza comencé a engordar.

- ¡Veinte mil reales!...¡Engordar!... Tan grande es el respeto á la vejez ilustre de Murguía que fingimos creerlo.

- ¡Dios mío! ¿Tanto habrán cambiado las generaciones? 

Publicado no xornal "El Noroeste" no ano 1913 co gallo do cumpreanos 80 de Manuel Murguía..

Fonte da información:  extractado do portal www.vieiros.com