Galicia espallada

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Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

 

Rosalía de Castro - Escolma poética - La flor



           Rosalía de Castro "La Flor", 1857 

Rosalía 

de

Castro

   

Un desengaño


En las riberas vagando
de la mar, las verdes olas
mira Argelina y contando
las horas que van pasando
vierte lágrimas a solas.


Sus lindos ojos de cielo
en el horizonte fija,
por ver si encuentra un consuelo
¡mas ay!, que es vano el anhelo
que su corazón cobija.

Su amante le dijo allí
desde su buque velero:
«Aguarda Argelina aquí:
Que si hoy dejarte prefiero,
mañana vendré por ti.»

Y entera la noche larga
que silenciosa corría
vio pasar; pero en su impía,
crüel desventura amarga
no vio que su bien volvía.

Y el día también llegó:
Mas fue que llegara en vano,
que el bien que ansiosa esperó,
consuelo del mal tirano,
por el mar no pareció.

Y allí todavía está
mirando a la mar movible,
por ver si la mar le da
lo que tal vez imposible
para Argelina será.

Y viendo al fin reducidas
sus esperanzas en nada,
viendo en el viento esparcidas,
las ilusiones perdidas,
su bienandanza frustrada;

mirando al bien que se aleja
con su fugitivo encanto,
dijo en tristísima queja:
«¿Por qué tan sola me deja,
cuando yo le amaba tanto?

¿Por qué si tras él corrí?
¿Por qué si hasta aquí llegué?
¿Por qué si tanto esperé
a verle más no volví?

¿No comprendió que sin él,
fuera un tormento mi vida,
donde guardara escondida
llena una copa de hiel?

¡Adiós, ventura de un día!
¡Adiós, delicia soñada,
donde he mirado estampada
toda la esperanza mía!

¡Ya nunca más te veré,
que el rudo penar que siento
me irá consumiendo lento,
y de dolor moriré!

¡Adiós, hermosa ribera
donde mi esperanza dejo
ya para siempre me alejo
de tu orilla placentera.

Mas si viniendo él aquí
oyeras su dulce canto,
contéstale, dile cuánto,
cuánto por él padecí!...»

 

 

Dos palomas


Dos palomas yo vi que se encontraron
cruzando los espacios
y al resbalar sus alas se tocaron...

Cual por magia tal vez, al roce leve
las dos se estremecieron,
y un dulce encanto, indefinible y breve,
en sus almas sintieron.

Y torciendo su marcha en un momento
al contemplarse solas,
se mecieron alegres en el viento
como un cisne en las olas.

Juntáronse y volaron
unidas tiernamente,
y un mundo nuevo a su placer buscaron
y otro más puro ambiente.

Y le hallaron al fin, y el nido hicieron
en blanda cama de azucena y rosas,
y en ella se adurmieron
con las libres y blancas mariposas.

Y al despertar sus picos se juntaron,
y en la aurora luciente
sus caricias de amor se retrataron
como sombra riente.

Y en nubes de oro y de zafir bogaban
cual ondulante nave
en la tranquila mar, y se arrullaban

untas las dos al declinar del día
cansadas se posaban,
y aun los besos el aura recogía
que en sus picos jugaban.

Y así viviendo inmarchitables flores
sus días coronaron,
y nunca los amargos sinsabores
sus delicias turbaron.

.....................................

¡Felices esas aves que volando
libres en paz por el espacio corren
de purísima atmósfera gozando!

 

 

Un recuerdo


¡Ay, cómo el llanto de mis ojos quema!...
¡Cuál mi mejilla abrasa!...
¡Cómo el rudo penar que me envenena
mi corazón traspasa!

Cómo siento el pesar del alma mía
al empuje violento
del dulce y triste recordar de un día
que pasó como el viento.

Cuán presentes están en mi memoria
un nombre y un suspiro...
Página extraña de mi larga historia,
de un bien con que deliro.

Yo escuchaba tina voz llena de encanto,
melodía sin nombre,
que iba risueña a recoger mi llanto...
¡Era la voz de un hombre!

Sombra fugaz que se acerco liviana
vertiendo sus amores,
y que posó sobre mi sien temprana
mil cariñosas flores.

Acarició mi frente que se hundía
entre acerbos pesares;
y lleno de dulzura y de armonía
díjome sus cantares.

Y ¡ay!, eran dulces cual sonora lira,
que vibrando se siente
en lejana enramada, adonde expira
su gemido doliente.

Yo percibí su divinal ternura
penetrar en el alma,
disipando la tétrica amargura
que robara mi calma.

Y la ardiente pasión sustituyendo
a una fría memoria,
sentí con fuerza el corazón latiendo
por una nueva gloria.

Dicha sin fin, que se acercó temprana
con extraños placeres,
como el bello fulgor de una mañana
que sueñan las mujeres.

Rosa que nace al saludar el día,
y a la tarde se muere,
retrato de un placer y una agonía
que al corazón se adhiere.

Imagen fiel de esa esperanza vana
que en nada se convierte;
que dice el hombre en su ilusión mañana,
y mañana es la muerte.

Y así pasó: Mi frente adormecida
volvióse luego roja;
y trocóse el albor de mi alegría,
flor que, seca, se arroja

Calló la voz de melodía tanta
y la dicha durmió;
y al nuevo resplandor que se levanta
lo pasado murió.

Hoy sólo el llanto a mis dolores queda,
sueños de amor de¡corazón, dormid:
¡Dicha sin fin que a mi existir se niegan
gloria y placer y venturanza huid!...

El otoño de la vida


Una tarde de paz en el estío
en que al sopor del caluroso ambiente
se mezclaba lo fresco del rocío.
Hora en que el sol su brillantez perdía,
cubierto allá por las doradas nubes
donde hermosas sus luces escondía.


Sembrada de azucenas y verdura
selva en verdad de dilatado espacio,
convidaba al reposo y la tristura;
y en la pálida sombra que extendían
las ramas de sus árboles frondosos,
misteriosas dulzuras se escondían.

Ningún eco cercano se escuchaba,
ni el insecto de espléndidos colores
jugando por los aires revolaba.
Parece que en redor todo dormía,
que ni aun el aura entre las blandas flores
con su manso murmullo se sentía.

De cuando en vez algún ligero viento
que al mismo tiempo de nacer moría,
cual de un niño que expira el breve aliento.
Un eco inusitado produciendo
pasaba entre el verdor de aquel follaje,
y en el espacio al fin se iba extinguiendo.


Y al cabo en el silencio adormecidas
las olorosas plantas reposaban
en la sombra fresquísima escondidas.
Un joven allí inmóvil descansaba
cabe del pie de carcomida encina,
y una blanda ilusión acariciaba;

y el ¡ay!, que postrimero se sentía
de aquella tarde, amortiguado y yerto,
aquel joven tal vez lo recogía...
Clavado su mirar en unas flores
que lozanas y bellas se entreabrían,
se encantaba, quizás de sus colores.

Y al seguir el instinto que lo impele
con placer una de ellas ha tocado;
mas al instante mismo retrocede.
Ve que la flor tan sonrosada y pura
cambiando su color mustia se vuelve
al sentir de su mano la prensura.

Y una arruga marcó su blanca frente
al mirar transición tan repentina;
y alguna idea se quemó en su mente...
Mas insiste otra vez; la mano alarga
por coger otra flor que era más bella,
y un pensamiento de dolor le embarga
al ver también que se doblega y muere
la flor que tan bonita se mecía,
y en vano el joven revivir la quiere.

Y también esta vez su frente pura
nublada fue por una idea extraña
mezclada entre vapores de amargura.
A poco rato un pajarillo hermoso
de dulce canto y purpurinas alas
que busca en la pradera su reposo,
paróse junto al joven que extasiado
mirándole en su vuelo le siguiera
de su rara belleza enamorado.


Y al verle que tan cerca se detiene
muy suavísimamente le aprisiona,
y un instante en su mano le contiene.
Y el pajarillo entonces aletea
por salir de la cárcel que le oprime,
y pierde su vigor en la pelea.
Y al fin, después de que se agita en vano,
su pobre corazón de latir cesa,
y muerto se le queda entre la mano...

 

 

.......................


Una paloma silvestre
ligera viene y se posa
en el árbol do reposa
eljoven que se durmió.

Ya su cantar poco dulce
marchóse el blando beleño
de su pacífico sueño;
y el joven se levantó.


La vista tiende en la selva
para despedirse acaso,
mas tras él sintiendo el paso
de algún animado ser,
vuelve la cabeza y mira
un niño que juguetea,
y contento se recrea
con inocente placer;
y que en su mano lozanas
las flores marchitas antes,
con sus colores brillantes
volvieron a relucir;
y el pájaro que doliente
entre sus manos muriera,
ora cantando volviera
con su hermosura a vivir.

 

..................................

 

Es esta flor, yo te lo juro,
emblema santo que respeto,
nada profano en torno encierra,
es de mi fe dulce amuleto.

Yo la encontré lozana y bella,
pero tan triste en su color,
que creo vi por su corola
cierto reflejo de dolor.

Y la cogí, y aquí guardada
la puse junto al corazón;
y nadie supo que escondía,
quizá... fatal profanación...

-Dámela, dijo Inés: Yo quiero
verla en mi frente relucir,
y así tal vez la fe perdida
vuelva en mi pecho a revivir.

-¿Sabes Inés lo que me pides?
¿Quieres lucir con esa flor..?
¿Sabes quizá si en ti brillara
con un siniestro resplandor?

-¡Es su recuerdo no lo dudo
cuando la niegas a mi afán!...
-Tómala Inés, él la responde;
¡sus hojas, ¡ay!, te abrasarán!

¿Sabes por qué yo la escondía
por qué a tu afán se la negué...?
Voy a contarte al fin la historia
que siempre oculta reservé.


Era una noche pura,
tan clara como el día,
la luna repartía
su pálido fulgor.


Y yo en mi capa envuelto,
siguiendo mi destino
marchaba en mi camino
sin miedo ni temor.

Ningún recuerdo entonces
de la pasada historia
turbaba mi memoria
ni me hizo padecer.

Ningún eco sentido
cruzó mi pensamiento,
ni un ¡ay!, de sentimiento
de mágico poder.

Mas sin pensar, mis ojos
cercano divisaron
un punto, a do tornaron,
de extraño resplandor.

Y allí marchando pronto,
bajéme y vi crecida
sobre su tallo erguida
la contristada flor.

Parece que me dijo
al acercarme a ella:
«La esencia soy de Estrella
contigo quiero estar;
si no me llevas pronto
marchita ya y sin vida,
ya mi aroma esparcida
por siempre quedará.»


Y allí junto a la losa
de su sepulcro estaba;
y allí me demandaba
recuerdos que olvidé;
que ocultos en un mundo
corrieron escondidos,
donde vagar perdidos
por siempre los dejé.

La recogí al momento,
y en mí guardada estuvo,
su esencia se contuvo
sin escapar de mí.

Y nunca esa flor triste
privó de que te amara,
ni nunca ella esperara
lo que he encontrado en ti.

Si oyendo aquesta historia
llevártela quisieras,
sin duda no tuvieras
ni fe ni corazón.

Que aquel que no respeta
las prendas de los muertos,
sus pasos tan inciertos
serán cual su razón.


..................................

Contaban meses después,
que cierta joven hermosa,
habiendo puesto una rosa
que en un sepulcro nació,
presa en su negro cabello
para lucirse más bella,
la flor, prendiéndose en ella,
jamás su frente dejó.


Que allí marchita y ajada
se fue la rosa quedando,
y que lajoven secando
sintió con la flor su sien.
Y cuando al fin ya del todo
la flor se quedó sin vida,
la joven con ella unida
murió marchita también.


Y cada cual con espanto
viendo su tumba contaba,
que aquel sepulcro guardaba
La rosa del CampoSanto.

 


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