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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

LA VIEIRA Y SU SIMBOLOGÍA


Todas las peregrinaciones, sin excepción, poseían toda clase de objetos y atributos característicos, recuerdos de las mismas, en muchos casos objetos santos o santificados. A veces eran piedras de los edificios santos, piedras de las tumbas, agua del Jordán, aceite de las lámparas que ardieron ante sus altares, velas quemadas ante la tumba de Cristo, limaduras de hierro de las cadenas de San Pedro, etc.

La peregrinación a Santiago durante los siglos XI y XII posee enseñas propias, entre las que sobresale el uso de vieiras vieira xacobea o conchas como gran atributo jacobeo. Son conchas de vieiras del tipo Pectem Maximus L., que se pueden encontrar desde Madeira hasta Noruega. 

El uso de tal motivo fue tan pródigo en el peregrino jacobeo, que no solo tenía la presumible funcionalidad de ayudarse con ella para beber, sino que formaba parte de su indumentaria decorativa en el traje de romero, en la esclavina, en el sombrero.

Incluso comprada como regalo se podían encontrar en plomo, hueso, marfil y metales preciosos, que se vendían en mercado floreciente en la puerta de Azabachería.

La vieira parece que ya había sido anteriormente utilizada en ofrendas mortuorias en ritos prehistóricos, y en la antigüedad era considerada como símbolo del amor, atribuyéndosele efectos afrodisíacos. También están esculpidas en los sarcófagos de los primeros cristianos de las iglesias coptas, recomendadas también en brujería contra el mal de ojo, mala suerte, enfermedades, etc. Pero no figuran en ningún caso asociados a la iconografía cristiana antes del culto a Santiago, y cuya aplicación al mismo está sin una clara explicación.

El mito de que los peregrinos se acercaban a las playas para recoger tales enseñas para regresar después a sus países con la demostración de haber realzado la peregrinación es falso, por cuanto la venta de estos objetos fue fruto de un ascendiente negocio en la ciudad de Santiago, en la puerta de Azabachería, de tal modo que tuvo que ser regulado contractualmente por la iglesia que se queda con el 33% del negocio, y la venta fuera de la villa estaba prohibida bajo excomunión. La vieira indicaba fundamentalmente la peregrinación a Santiago, pero por extensión se adjudicó a todo tipo de peregrinación, y por consiguiente era objeto de devoción local en otros santuarios, generalmente cerca del mar, como en Francia en el santuario de Saint-Michel, donde la efigie del santo ha de aparecer grabada en las representaciones de plomo, como lo hacía el Santiago matamoros en las de Compostela.

El estudio de las vieiras naturales descubiertas en las excavaciones nos informa de la extensión e importancia del culto a Santiago a través de Europa y sus caminos, de las rutas de peregrinación, de los hábitos funerarios, de la evolución de los vestidos con que se enterraban los peregrinos, de las supersticiones, de las prácticas de la medicina popular, y otros muchos desarrollos de minuciosa atención. 

La mayoría de las vieiras que aparecen en las tumbas no pueden ser consideradas como ofrendas mortuorias, aunque después de la Edad Media y hasta el siglo XVIII formaban parte del traje del peregrino enterrado con ellas. Se encuentran estas tumbas fundamentalmente fuera de España, sobre todo en Francia, en las rutas principales, pero también en las secundarias o de acceso, formalizando de ese modo el Camino a través de sus enseñas. Hay restos en el Schleswig alemán, en Amsterdam, en Breslau, en Ginebra, en Londres, en Lyon, en Malinas, en Salisbury. Los ejemplos de enseñas más antiguas en el subsuelo se encuentran en la segunda mitad del siglo XII extendiéndose por los países citados en los siglos en los que la peregrinación era más numerosa e importante.

El significado de la vieira en el transcurso de los siglos y de los caminos pasó a ser el signo de reconocimiento de peregrinación y dificultad, por lo que al portante de las mismas se le ofrecía ayuda en la consideración de su esfuerzo y santificación para sobrellevar las fatigas y peligros, siendo a la vez beneficiarios de las obras de caridad que ofrecían las instituciones hospitalarias, las cofradías y otras gentes que en ellos reconocían al peregrino y a Cristo, como era el indicativo evangélico extendido en esa época, y a lo que nos hemos referido en semanas anteriores.

Podemos así concluir que la vieira es el signo por excelencia de la peregrinación jacobea, pero que en ningún caso nació como signo telúrico en el Camino, aunque si fue donde más importancia y desarrollo tuvo.



 

Autor: Francisco Javier Ocaña Eiroa (1999)  publicado na web de Rafael Ojea

 

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