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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

Camino de Santiago

Experiencias de un peregrino

 

por   Teresa  Márquez  Sanmartín 
Publicado por  la Cátedra España de la UCES (Univ. de Cs. Empresariales y Sociales ) de Buenos Aires, Octubre 2001.-


Santiago de Compostela  (12/9/00)    (Pág. 47 a 49)


La noche anterior habíamos decidido no madrugar demasiado, pero, corno siempre, me desperté antes de que sonara el despertador, no sé si por la claridad que entraba por la ventana o por la impaciencia. Me levanté, fui al baño y cuando volví las chicas ya estaban despiertas. Arreglamos nuestras cosas con tranquilidad y fuimos a desayunar al restaurante del complejo. El desayuno era tipo brasileño, con frutas, jugos y café con leche; abundante y económico. Allí nos sacamos una foto con un personaje muy pintoresco que, según él, venía de recorrer 3.000 km. a pie por la paz del mundo.  

Peregrinos entrando en Santiago

"...sólo al entrar a la ciudad se recobra el sabor medieval que se conserva..." Reanudamos la marcha. En este tramo final poco queda del antiguo camino ya que la modernidad lo ha borrado. Nos topamos con autopistas, una cancha de fútbol, el aeropuerto y sólo al entrar a la ciudad se recobra el sabor medieval que se conserva, afortunadamente, en los alrededores de la Catedral de Santiago de Compostela. 

A las 9 de la mañana estábamos paradas frente a ese inmenso santuario que es la Catedral. Me es imposible describir ese momento, ya que sentí que nacía un ser nuevo dentro de mí.  

Cumpliendo con el ritual de los peregrinos, entramos para darle el abrazo al Apóstol. Una interminable fila de turistas.

Como me habían avisado previamente, los peregrinos a pie tienen ciertos privilegios, así que me fui metiendo entre la gente para no tener que hacer la fila. Pensé que era justo y merecido, pero creo que la gente no lo pensó así, entonces comenzaron las protestas contra mí, pero yo igualmente continué hacia delante. Las chicas quedaron atrapadas por los manifestantes y tuvieron que ir al final de la cola. La Compostela ( detalle )Quizás haya sido uno de mis actos de maldad de¡ camino, pero me movió el ardiente deseo de ver culminado lo que había empezado como un lejano sueño, abrazando a Santiago.

Después de hacerlo, mientras esperaba a las chicas, me senté a agradecerle la fuerza y la voluntad que había generado en mí este proyecto.

La Compostela, diploma réplica del que se entregaba a los peregrinos en la Edad Media y que le fue concedido a la autora de este libro por haber cumplido  la peregrinación. 

Reunidas nuevamente, las tres, nos fuimos a la Oficina del Peregrino a dar cuenta de nuestro peregrinaje, mostrando nuestra credencial, comprobando que habíamos caminado 160 Km. Nos dieron la Compostela, especie de diploma, réplica de la que se le daba a los peregrinos de la Edad Media, escrito en latín y con nuestro nombre también escrito en latín. A los que hacen el camino con intención deportiva o turística se les da otro diploma. 

Salimos de allí con nuestro trofeo y fuimos a dejar a nueLa Compostelastra compañera inseparable de esos días, la mochila; y nos dirigimos nuevamente a la Catedral para asistir a la Misa del Peregrino, donde se nombra a todos los que llegaron ese día. Fue un momento emocionante, como el de ver funcionar el gigante Botafumeiro, que es un enorme recipiente que echa humo de incienso, yendo de un lado a otro de la Catedral, manejado por trabajadores de la misma Catedral llamados "Tiraboleiros". 

Fue creado en la Edad Media para perfumar el ambiente de la Catedral de los "olores" que traían los peregrinos. 

Terminada la Misa fuimos a cumplir con los rituales que nos faltaban, como colocar los cinco dedos en la columna que está a la entrada de la Catedral y pedir las cinco gracias. 

Luego nos dirigimos hacia el "Santo Dos Croques", figura de piedra del siglo XII que mira hacia el altar, sobre la cual hay que dar tres golpecitos con la cabeza "para abrir la mente". 

Al salir nos reunimos con algunos peregrinos con los cuales compartimos la experiencia; fotos, intercambio de direcciones, despedidas y deseos de buen camino, el camino de la vida. 

La ciudad de Santiago de Compostela era un mundo de gente, entre la multitud de turistas y obreros trabajando en la calle casi no se podía andar. La soledad del camino se iba desdibujando y la maravillosa capacidad que tenemos los humanos de adaptarnos a las nuevas situaciones iba apareciendo, intentando disfrutar del bullicio y la alegría que se respiraba en sus calles. Así pasemos un buen rato con nuestro ángel guardián que nos estaba esperando a la salida de la Catedral, nuestro amigo Tino. 

El camino desde Santiago a Finisterre lo transitamos en el auto de Tino, ya que no estaba en nuestros planes hacerlo caminando, porque Cristina regresaba a Buenos Aires al día siguiente y creo que las fuerzas tampoco nos daban para hacer 70 kilómetros más.

- Queremos agradecer á profesora Teresa Márquez Sanmartín por enviarnos esta publicación.
  Para contactarse coa autora podedes facelo a : peregrinosdelcamino@yahoo.com.ar



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