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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

Caminando a Santiago por Galicia

por Teresa Márquez Sanmartín  ( Versión en galego  )


Hace poco más de un año que hice el camino y aún sigo hablando, escribiendo y reviviendo esa experiencia. Es que el camino se ha metido debajo de mi piel, ha calado tan hondo en mi corazón, que no puedo desprenderme de él.

De regreso a casa, los primeros tiempos, no quería hablar mucho del camino, se me ocurre pensar ahora que quizás era una manera de mantenerlo vivo dentro de mí y que no se diluyera en palabras. Había tanto para procesar, elaborar, disfrutar, extrañar, comprender. El tesoro debía estar guardado por algún tiempo. Es un recuerdo que no se aleja con el tiempo, está siempre presente, como al alcance de la mano. 

Como olvidar mi primera noche en el camino, en el albergue de O Cebreiro, dónde por primera vez en mi vida dormí en una bolsa de dormir. El suelo resbaladizo, frío y duro, pero eso no importaba. Las emociones danzaban sin parar de la risa al llanto. Estaba en mi amada Galicia, tantos años queriendo estar bajo ese cielo, dejando mis huellas, sin prisa, oliendo la tierra, desgranando el alma, para ir sembrando ese amor por tanto tiempo guardado.

El atardecer en Triacastela, inundando el paisaje, la placidez, la satisfacción de los primeros kilómetros Camiño de Santiagorecorridos. El deseo de que el nuevo día despuntara para continuar la marcha a pesar del calor, la mochila y las piernas doloridas. Es que ya se comienza a saborear la emoción de lo imprevisto, lo desconocido, los encuentros no programados. Eso es lo maravilloso del camino, uno se abre a lo que suceda, sin prevenir, sin programar, sin miedos ni resistencias. Simplemente se acepta, sin queja, porque en definitiva se eligió hacerlo. Comprendiendo que en la vida también elegimos cada paso que vamos dando.

Continúe la marcha con mis dos compañeras, en silencio por muchos tramos, cada una con sus propios pensamientos. Por momentos sentíamos desfallecer, nos faltaba el aire, el sol era abrazador, realmente había que buscar motivos sumamente importantes que nos alentaran a continuar.

Yo sentía que me conectaba con las fibras más profundas de mi ser, que cada célula de mi cuerpo estaba presente en ese momento y en un instante toda mi materia se desvanecía y el espíritu era el único que continuaba caminando.

Llegando a Portomarin, la vista reconforta y justifica el esfuerzo, el río Miño, con sus aguas quietas me hablaban de mi infancia y se agolpaban en mi memoria imágenes que me mostraban a mi madre, joven, trabajadora, siempre cantando canciones de su tierra: " Río Miño anda caladiño que despertas a meu miniño" El corazón se me estrujaba pensando en cuantas saudades tendrían por aquellos tiempos ella y mi padre.

El camino tiene la virtud de que afloren en la conciencia, recuerdos olvidados, emociones desdibujadas en el tiempo, nuevas sensaciones. A veces tenia la sensación de ir caminando en otra dimensión. Será el mucho tiempo que se tiene, el silencio, el sentir que se está cara a cara con uno mismo y con Dios. Momentos de quietud, oración, compromiso y esperanza. No existen las circunstancias externas que muchas veces nos hacen, mentirnos, justificarnos, adornar las situaciones para que no duelan tanto.

También las dudas se hacen presente ¿para qué estoy haciendo esto? Pero sé continua caminando, con el mismo entusiasmo que el primer día porque siempre se encuentran motivos para proseguir la marcha, y aun hoy sigo hallando respuestas.

Benditos bosques los de La Coruña que invitan al disfrute, al goce de los sentidos y del espíritu. La libertad de vivir sin reloj, sin compromisos, sin rutinas. Era como caminar por el cielo, ese cielo que todos tenemos dentro y que en la vida nos damos pocas oportunidades para descubrirlo. 

Dios, Santiago, el Universo y yo estabamos en sintonía.

La lentitud se iba apoderando de nosotras. Todos nos pasaban, pero no nos importaba, seguíamos caminando asentando cada paso rítmico y profundo amasado con la transpiración que recorría el cuerpo. Queríamos retrasar la llegada, no queríamos dejar el camino, sabíamos que una parte nuestra quedaría impresa en él.

Como olvidar las siestas debajo de los arboles, los encuentros con otros peregrinos con tantas historias, los desayunos y las cenas compartidas, las despedidas.

Santiago ya se iba acercando, estaba tan movilizada como al principio del camino, la experiencia había sido fuerte, ya no era la misma, comenzaba un nuevo camino, quizás más difícil del que estaba por concluir. Nuevamente las preguntas ¿ cómo volver a la vida cotidiana? ¿ Cómo insertarse nuevamente en los horarios, compromisos, responsabilidades, trabajo, cuentas que pagar? No fue fácil, pero gracias a la extraordinaria capacidad de adaptación que tiene el ser humano más lo aprendido en el camino, fue posible. 

Los últimos Peregrinos en Santiago de Compostela kilómetros y la entrada a Santiago ya nos van preparando, el transito, la gente, la ciudad, nos van anunciando lo que vendrá. Entrábamos nuevamente al mundo de las restricciones, las leyes de los hombres, a la " civilización" Nuestro espíritu que había vagado libremente durante siete días debía volver a su "estuche". El alivio de la espalda y de los pies no se pueden comparar con la sensación de expansión y libertad que se experimenta durante el camino. Todo lo relacionado con el mundo material se vuelve trivial y carente de significado.

Todavía no encuentro las palabras que puedan describir ese momento mágico, donde la Catedral aparece ante la vista, el abrazo al Apóstol, el botafumeiro, la Compostela. Se estrenan emociones. El tiempo se detiene. El cuerpo no existe. Una nueva vida comienza.

Mi querido amigo Tino nos lleva en su auto a Finisterre, ahora sin mochila y cómodamente sentadas, eso hacia que ya comenzáramos a extrañar el camino. En el Cabo Finisterre cumplimos con los dos rituales, el de quemar una prenda que usamos en el camino y mirar la puesta del sol. Otro momento mágico. El éxtasis.

Las tres acordamos volver a caminar a Santiago. Esto me recuerda a otra época de mi vida, donde alguien me dijo: " Si gastas las suelas de un par de zapatos sobre un escenario, no podrás bajarte nunca de él"





- Queremos agradecer á profesora Teresa Márquez Sanmartín por achegarnos este material.
  Para contactarse coa autora podedes facelo a : peregrinosdelcamino@yahoo.com.ar



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