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Galicia espallada

Unha recolleita da cultura galega

Literatura, historia, arte, música, gastronomía, galeguismo, tradicións, lendas, costumes, emigración

Á memoria de Manuela Viaño (1929-2013)

Benito Barcia Boente y los gallegos en el Amazonas

José, Benito y Generoso Barcia Boente

FOTO:

De izquierda a derecha:

José, Benito y Generoso Barcia Boente

Los gallegos que desafiaron al Amazonas

 

La epopeya gallega en el Amazonas constituye uno de los episodios más apasionantes de la historia de nuestra diáspora, y no ya sólo por el número de paisanos que se sintieron atraídos por la riqueza económica emanada del caucho, sino también porque dio lugar a unos personajes de leyenda.

Sus vidas son de leyenda. Desde Alfonso Graña, el rey de los jíbaros, a los hermanos Barcia, emperadores del caucho, pasando por el aventurero Cesáreo Mosquera o por el intrépido Wenceslao Barreiro,y tantos gallegos que como ellos acudieron a la llamada del ‘oro negro’.

Eldorado de los gallegos

Los tres hermanos García Boente, José, Benito y Generoso, originarios de Ponteareas, tuvieron
que dar unas cuantas vueltas antes de llegar a Iquitos.

En Iquitos, capital del departamento peruano de Loreto lindante con el tramo del Amazonas que
hace frontera de Brasil, todavía residen algunos descendientes de aquellos gallegos que llegaron hasta allí atacados por la fiebre del “oro negro”, el caucho natural, y se vieron convertidos, a la par que en emigrantes, en aventureros. Sucedió a principios del siglo pasado, y Gonzalo Allegue, autor de Galegos: as mans de América, lo explica así:

“Los países industrializados necesitaban caucho para las llantas de sus automóviles y en el Amazonas sobraba; bastaba una incisión en el árbol de jebe para que el látex gotease todo el día”. Como “los precios eran magníficos”, la zona se transformó durante unos años en “un sueño, un nuevo Eldorado para los aventureros de la vieja Europa”.

La epopeya gallega en el Amazonas constituye uno de los episodios más apasionantes de la historia de nuestra diáspora, y no ya sólo por la cantidad de paisanos que se sintieron atraídos por la riqueza económica emanada del caucho, sino también porque dio lugar a la emergencia de una serie de personajes cuyas vidas relatadas más parecen leyendas que bio
grafías. Desde Alfonso Graña, rey de los jíbaros, a los hermanos Barcia, emperadores del caucho pasando por el peluquero / librero Cesáreo Mosquera o por el intrépido Wenceslao Barreiro, tenían que ser éstos, y otros tantos que todavía permanecen en el anonimato unos hombres muy especiales, no en balde, tal y como señala Allegue,

“la selva pedía tipos bragados, inescrupulosos, fuertes, capaces de machetearse a sí mismo
para evitar una gangrena, consentir ser enterrados en arena caliente para curar la picada de la víbora jergón, o navegar un río sin mosquitero, leguas y leguas, indiferentes a las mordeduras de los zancudos, el paludismo o las fiebres”

Los tres hermanos Barcia Boente, José, Benito y Generoso, originarios de la parroquia de Padróns (Ponteareas), aún tuvieron que dar unas cuantas vueltas antes de llegar a Iquitos. Intentaron primero labrar fortuna en Lisboa y en Argentina pero José, el mayor, intuyó haber dado con la horma de su zapato el día en que pisó Perú tras hacer escala en la ciudad brasileña de Manaos, en cuyas calles zumbaban como moscas los ecos de la fiebre del caucho. En cuanto lo supo, llamó a Benito y Generoso para, juntos, poner en marcha la empresa Barcia Hermanos que se erigiría en la más importante del sector.

Nuria Gándara, descendiente de otra rama de los Barcia, nos ha facilitado unos escritos de su bisabuelo en los que leemos:

“Llegaron a tener trabajando para ellos hasta unos dos mil trabajadores y reunieron en un tiempo muy corto una inmensa fortuna. Su producción de caucho se exportaba a varios países de Europa. Su liquidez económica era tanta que favorecían, incluso sin garantías, a empleados y amigos que quisieran establecerse por su cuenta, con lo que contribuyeron a la creación de varias empresas”.

En su época de esplendor, no era raro que visitasen todos los veranos su Padróns natal, donde ejercieron de benefactores financiando la construcción de un colegio e incluso la conexión del tendido de la línea telefónica hasta su aldea. Pero el estallido de la I Guerra Mundial (ellos habían apostado por los alemanes) y la invención del caucho sintético supondrían un golpe durísimo para Barcia Hermanos. Así lo dejó escrito el bisabuelo de Nuria Gándara:

“Todos sus negocios sufrieron un descalabro, a cuyo fin con tribuyó en una gran parte su poca formación en temas económicos para la importancia de la empresa que habían conseguido levantar”.

Sumidos en la práctica ruina, los destinos de los tres Barcia se dispersaron cada cual por su camino: Generoso acabó por retornar a Padróns, Benito (que fracasó en el intento de refundar la empresa) falleció inesperadamente en 1924, y José, al menos, logró salvar los muebles: se casó en Perú y hasta el final de sus días gozó de una situación bastante confortable, “bien situado” como testificó el bisabuelo de Nuria.

...


Fuente: Fragmento en laopinioncoruna.com Año VIII Nº 338 Domingo 15 de julio de 2007 y revista Estela ( Faro de Vigo ) Año 6 Nº 265  Domingo 17 de junio de 2007. Artículo de Salvador Rodríguez con fotos de archivos de familia Barcia y Ed. Nigra.